En el siglo XVIII los paseos fluviales por el Tajo se convirtieron en uno de los pasatiempos preferidos de los monarcas españoles. Esos largos paseos náuticos llevaron aparejada la construcción de una colección de embarcaciones de recreo que sería conocida como «Escuadra del Tajo». Cinco falúas y dieciséis botes -uno de ellos con forma de ciervo y otro de pavo real- formaron esta destacada colección que mandaron construir Felipe V y Fernando VI para disfrutar de los paseos musicales que les componía Carlo Brochi Farinelli (1705-1782).

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